CINE CONCIERTO OSG- FAUSTO en el Palacio de la Ópera

Cuándo: Viernes, 26 de mayo I 20:30h
Precio: Desde 11€
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[FAUSTO] 1926. Versión restaurada

Música: JESÚS TORRES

[Orquesta Sinfónica de Galicia]

 

Fausto, la que fuera la última película hecha en Alemania de F.W. Murnau, en su versión restaurada por Luciano Berriatúa, será la obra maestra del cine mudo que este año inaugurará el (S8) el próximo viernes 26 de mayo en el Palacio de la Ópera. Sonorizada por la Orquesta Sinfónica de Galicia, que en 2017 celebra sus 25 años. Un aniversario significativo, como para el (S8) es alcanzar ese número 8 que su nombre lleva en honor a las películas de pequeño formato. La OSG esta ocasión contará con la dirección de José Ramón Encinar y con las intervenciones de la soprano Ilduara Perianes y la mezzosoprano María Rivera. La partitura que interpretará la Orquesta es la compuesta por el zaragozano Jesús Torres, galardonado con el Premio Nacional de Música en 2012, y cuyos trabajos han recorrido las más prestigiosas instituciones y festivales del mundo.

Bajo la sombra de Mefisto

“La película empieza con la más notable y turbadora imagen jamás creada por el claroscuro alemán. La caótica densidad de los planos de apertura, la luz surgiendo de entre la niebla, los rayos que atraviesan el aire opaco, quitan en aliento… Ningún otro director, ni siquiera Lang, consiguió conjurar lo sobrenatural con tanta maestría. La ciudad entera parece ir desapareciendo bajo los vastos pliegues de la túnica de un demonio (¿o es una gigantesca nube baja?) a medida que las fuerzas diabólicas se preparan para devorar los poderes celestiales. La cámara de Carl Hoffmann da a la parte terrenal de film un modelado extraordinario y tiene el poder de impregnarlo todo, hasta la tela de un traje, con satanismo…”. Así habla Lotte Eisner (cineasta y autora de uno de los más importantes libros sobre el expresionismo alemán, La pantalla demoniaca) de la fotografía de Fausto, que junto con la dirección de arte –decorados y trajes– ayudan a dar forma al terror y a la oscuridad expresionista del film.

Fuertemente influenciado por el tiempo que pasó en la compañía teatral de Max Reinhardt, para quien figuras como el noruego Edvard Munch diseñaron decorados, Murnau da una imagen pictórica a esta versión de la leyenda tradicional alemana. En principio, un Fausto según la adaptación de Goethe, pero que Murnau aprovecha para subvertir roles (el de Gretchen, la mujer, culpable, por ejemplo, a la que redime), para hacer una crítica velada a la religión, e incluso para introducir bromas –como es el caso de la apuesta entre el arcángel y Mefisto con la que se abre el film. Aunque con una filmografía temática y estéticamente heterogénea y dispar (recordemos que el mismo hombre es responsable de films como El último, Amanecer, Nosferatu y Tabú), Murnau supo inventar y explorar como pocos las posibilidades del cine mudo, cuando era apenas un medio recién nacido.

Las múltiples caras de Fausto

Fausto fue una superproducción en medio de una Alemania sumida en la crisis después de la guerra perdida, posible gracias a los compatriotas que triunfaban en los Estados Unidos gracias a la máquina de sueños. Figuras internacionales en la época fueron los protagonistas del film: uno de los más grandes actores alemanes, Emil Jannings (El ángel azul, El último) encarnó a un icónico Mefisto; la leyenda del teatro sueco Gösta Ekman jizo las veces de Fausto; completan el reparto personalidades como William Dieterle, la estrella de cine mudo Camilla Horn y la bailarina del Moulin Rouge inmortalizada por Toulouse-Lautrec, Yvette Guilbert.

Su naturaleza y su destino era la distribución internacional, y por esa razón la película fue filmada con varias cámaras a la vez, con la idea de producir copias suficientes para el mercado al que aspiraba. De ahí surge la particularidad de la versión restaurada que tendremos ocasión de ver. Luciano Berriatúa (en una colaboración de la Filmoteca Española con el Federal Film Archive of Berlin, el German Institute for Film Studies y la Friedrich Wilhelm Murnau Foundation) fue el encargado de esta restauración, fruto de una minuciosa investigación y una mirada rigurosa. Al iniciar el proceso, Berriatúa descubrió varias versiones de la película procedentes de ocho negativos distintos, consecuencia de la práctica habitual en las superproducciones de la época de la que antes hablábamos, ocasionada por la precariedad de los materiales de la época, que dificultaban la copia de negativos. La restauración se hizo a partir de las tomas y los encuadres con las que Murnau hizo el montaje estrenado en Alemania en 1926, en un intento por permanecer lo más fieles posible a la visión de Murnau.