El cementerio de San Amaro

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Autor: Manu Sánchez / Fecha: Mar, 01/11/2016 - 20:21 /

Hay cosas que parecen mentira. Como por ejemplo, que hasta bien entrado el siglo XX, la península de la Torre y el barrio de Monte Alto formaban parte de los arrabales coruñeses y se consideraban las afueras de la ciudad. Ese es uno de los motivos por los que en el año 1809, y siguiendo los criterios de higiene establecidos por los Borbones, se construye en el camino que lleva a nuestro milenario faro el Cementerio de San Amaro.

Como la muerte no perdona a nadie, el cementerio irá creciendo cada vez más, hasta estar dividido en los actuales cuatro departamentos. En el año 1833 tiene lugar una gran ampliación, y es cuando se construye la pequeña capilla que nos recibe en la puerta de entrada. El templo, de planta de cruz griega y puerta de inspiración clásica, está considerado como una de las joyas del arte neoclásico gallego. Posteriormente, en 1867, y de igual manera que en la ciudad de Málaga, el Cónsul británico en Galicia decide comprar parte del terreno para establecer allí el Cementerio Británico. A diferencia del camposanto ubicado en la ciudad andaluza, este pequeño territorio inglés no se puede visitar, salvo solicitud expresa de las llaves al Consulado Británico. Hubo un intento de compra por parte del Ayuntamiento en los años ochenta, pero las familias de las personas allí enterradas rechazaron el ofrecimiento.

La figura de San Amaro está relacionada con el más allá, con la búsqueda del 'Alén' y por lo tanto no es de extrañar que cuando cruzamos la verja del cementerio sintamos que estamos entrando en otro mundo. El camposanto coruñés es un lugar de infinita tranquilidad, dónde pasear durante horas sin rumbo, y dónde se mezclan el granito, la escultura y el mar. Hay pocas combinaciones mejores. Allí descansan grandes nombres de Galicia como Eduardo Pondal, Manuel Murguía, Curros Enríquez, Manuel Lugrís Freire y Wenceslao Fernández Flórez. También una lista interminable de políticos, intelectuales, creadores, científicos, historiadores y militares. De entre todos ellos, me gustaría destacar la historia de Juana de Vega, una gran conocida del callejero coruñés cuya labor de beneficencia, la cual consideraba un "deber cívico", será clave durante la gran epidemia de cólera que diezmó la población de la ciudad durante los años 1853 y 1854, siendo de las pocas personas que decide no abandonar la ciudad y ponerse al cuidado de los enfermos. Utilizando sus influencias, conseguirá los fondos necesarios para que la Asociación de Señoras de La Coruña se haga cargo del hospicio y el asilo provinciales.

Juana fue esposa del general Francisco Espoz y Mina, uno de los paladines del movimiento liberal y figura militar destacada de la Guerra de la Independencia Española, obligado al exilio debido a la restauración del absolutismo por parte de Fernando VII. La notable diferencia de edad entre ambos hizo que Juana pronto enviudase, y decidiese dedicar el resto de su vida a defender la causa que tan fervientemente había abanderado su esposo desde la escritura y el activismo. Tras conseguir los permisos pertinentes, mandará que al cadáver de su marido se le extraiga el corazón, que pasará a guardar en una urna de plata. También hace embalsamar el resto de su cuerpo, el cual permanecerá más de treinta años en el dormitorio de su casa de la Calle Real coruñesa. Tras la muerte de Juana en 1872, el general Espoz y Mina será repatriado a su tierra natal, Navarra, y ella será enterrada en San Amaro, eso sí, con el corazón de su marido a su lado. 

Esta romántica historia y muchas otras son relatadas de forma genial durante la visita guiada teatralizada que organiza todos los sábados el Consorcio de Turismo, y que desde su creación hace cinco años, ha llenado el aforo sistemáticamente, noche tras noche. La visita es toda una experiencia sensorial, un recorrido mágico con el que San Amaro coopera en exclusiva, en el que caben la incertidumbre, la risa, el miedo y la emoción, en el que maravillarse con cómo la luz del atardecer empieza a jugar con la piedra de las sepulturas, justo antes de que la noche te sorprenda. Cada vez más en la oscuridad, será el momento en el que las antorchas tomen el protagonismo para seguir al errante Fiz de Cotovelo, ánima en pena salida de la novela "El bosque animado" y uno de los espectros más vivos, entusiastas y carismáticos que uno se pueda encontrar por ahí. 

Si no hay suerte y no se puede obtener una plaza en la visita, una alternativa muy válida es descubrir San Amaro con la ayuda de un folleto que podemos obtener en las Oficinas de Turismo o en el propio cementerio, y que nos propone cuatro itinerarios diferentes, para que no se nos escape ninguno de los secretos que encierra este histórico y bicentenario recinto.