O vello cárcere

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Autor: Manu Sánchez / Fecha: Mié, 08/02/2017 - 18:23 / Etiquetas: CORUNA, historia, Antigua cárcel provincial, Cárcel

Cuentan y contaban aquellos y aquellas que la llegaron a ver, que cuando había mareas vivas, el agua se colaba por los cuatro grandes ventanales traseros de la cárcel de O Parrote, inundando las celdas que daban a ese lado. Sus tres plantas, de forma pentagonal irregular, habían sido construidas en 1760, al mismo tiempo que el Palacio de Capitanía, por el que se comunicaba mediante un pasadizo elevado cubierto. Sus graves problemas de financiación habían paralizado la obra en múltiples ocasiones, e incluso fue necesario recurrir a las ganancias del impuesto sobre la sal para terminarla.

No era, en todo caso, la única cárcel de la ciudad. En aquel momento convivía con la penitenciaría situada en la calle de Herrerías, con el presidio femenino que se ubicaba en la calle Galera (de ahí su nombre) y con el Castillo de San Antón. El fuerte defensivo se transformó en lugar de encarcelamiento de políticos y militares, quizá porque las autoridades no se atrevían a encerrar a este tipo de reclusos en la cárcel de O Parrote, cuyas condiciones llegaron a ser tan denigrantes, que en 1929 se decide tirar el edificio y trasladar a los presos a la flamante y nueva Prisión provincial.

La inauguración del centro penitenciario se convierte en uno de los grandes sucesos de la época. Autoridades e invitados van llegando en una procesión de varios automóviles, al lugar dónde los espera una compañía del regimiento de Isabel la Católica, con bandera y música. Allí se ofrece un discurso que enaltece y subraya la superioridad española en el aspecto penitenciario, y que se acuerda de alabar la labor de Concepción Arenal y los preceptos de Alfonso el Sabio, así como el trabajo del por aquel entonces alcalde Manuel Casás. El nuevo edificio supone una mejora tan grande en la calidad de vida de los presos, que pasa a ser conocido como "El hotel", en un involuntario guiño a lo que el futuro le deparaba al solar donde se ubicó, durante más de 200 años, el antiguo presidio en O Parrote. Allí nacería, años más tarde, todo un símbolo de la hostelería local como es el Finisterre, único hotel de 5 estrellas con el que cuenta la ciudad.

Construida entre 1925 y 1927, y diseñada por el arquitecto lucense Juan Álvarez de Mendoza, la Cárcel Provincial cuenta con tres galerías que tienen forma de cruz, y un punto de vigilancia en el centro. Rodeando este núcleo había un archivo, una sala de antropometría, una sala de guardia y una sacristía. En ella cumplieron condena y encontraron la muerte mediante el garrote vil presos tan célebres como el secretario del PCE, Gómez Gayoso y el considerado como último guerrillero gallego, Benigno Andrade, más conocido como Foucellas.

Decía Celsa Díaz, que el pasado 26 de enero fue la encargada de realizar la apertura simbólica de la antigua cárcel de la Torre, que los guardias les obligaban a arrancar la hierba de los patios, para que todo fuese gris. Para que no hubiera ninguna emoción, ningún arrebato de esperanza. Presa de un limbo administrativo que se ha mantenido durante demasiado tiempo, al menos la Cárcel ha podido sacar algo bueno de la experiencia. La hierba ha vuelto a crecer