A Feira das Marabillas

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Autor: Manu Sánchez / Fecha: Mié, 20/07/2016 - 09:07 / Etiquetas: Ciudad Vieja, Feria medieval, comercio, historia, CORUNA, artesanía, puerto

Con este nombre tan cautivador se nos vende la presencia de la feria medieval en la Ciudad Vieja de Coruña, que comienza en el día de hoy y nos acompañará hasta el lunes 25. Durante unos días, tenderetes, puestos de comida y tiendas se colocan encima de las empedradas calles y toman el protagonismo, mientras los dependientes tratan de vendernos comida, juguetes, joyería, bisutería, jabones, inciensos, golosinas, zapatos, cerámica y muchas otras cosas. La gran mayoría de los comerciantes van vestidos con túnicas y atuendos que tratan de imitar las costumbres de la época. ¿Pero cómo era realmente el comercio en la época medieval?

Los artesanos y pequeños comerciantes normalmente vendían sus productos en una tienda situada, por lo general, en el bajo de su vivienda, que funcionaba también como taller. La importancia de estos artesanos en las ciudades medievales es primordial. Ellos son quienes se encargan de elaborar los productos manufacturados básicos para la población. Su trabajo es especializado, y sólo ellos u otros artesanos pueden ejercer la profesión. Para adquirir el rango de profesional hay que someterse a una serie de rigurosos exámenes por parte de otros artesanos y pasar por diferentes escalas hasta alcanzar el grado de maestro.

Los comerciantes van a dejar su huella en algunas lápidas e inscripciones de las iglesias (donde aparecen símbolos de sus oficios, como tijeras, martillos o hachas) y también en los nombres de las calles. Así, tenemos hoy en día calles como Zapatería, Herrerías o Cordonerías, que ponen en relación estos espacios con las profesiones. A Coruña, importante en Galicia, está sin embargo lejos de ser una gran ciudad como Sevilla o Toledo. Por eso, su organización gremial está todavía muy desdibujada, y lo más probable es que los artesanos se agrupasen en cofradías. Estas cofradías estarían colocadas bajo la advocación de un patrón, tenían unos estatutos y reglas muy marcados pero básicamente eran casi familias: rezaban en común, asistían a los velatorios, enterramientos y funerales de alguno de los suyos, se ayudaban en las desgracias, y protegían sus negocios ante competencias desleales. El artesano coruñés era pluriempleado, compartía con su profesión las tareas agrícolas, y su grado de especialización no era muy alto.

Existían también espacios generales de intercambio, las antiguas plazas de abastos que hoy se han convertido, en algunos casos, en mercados municipales. Así pues, la actual plaza de Azcárraga fue en su día la Plaza de la harina, la Plaza de España el Campo de la leña y la Plaza del humor, la Plaza de los huevos. Esto no quiere decir que sólo se vendiese exclusivamente ese producto, pero sí que allí sería el lugar idóneo para encontrarlos. Muy cerca de la plaza de Azcárraga encontramos una pequeña calle que sube, que se conoce como calle del Repeso, ya que en su día, los consumidores podían acercarse con sus productos recién adquiridos a comprobar que no se les había timado y que el peso era el correcto. Pero el gran espacio de comercio era sin lugar a dudas la zona portuaria.

El puerto se convierte desde muy pronto en la mayor fuente de ingresos de la ciudad. Era el escenario de un gran intercambio internacional, con la presencia de gran cantidad de extranjeros. La personalidad cosmopolita y el lema de que en Coruña nadie es forastero ya tenía sentido en la Edad Media. La posición privilegiada de la bahía coruñesa era una de las razones que llevaron a Alfonso IX a fundar la población. Pronto, Coruña se va a convertir en el puerto más importante de la fachada atlántica del Reino. Su situación geográfica hace de Coruña el puerto ideal para escalas de barcos dedicados al comercio de larga distancia. Esto incluye a barcos que hacen la ruta desde el mediterráneo hasta poblaciones nórdicas. Generalmente en primavera y verano, reponen alimentos, agua, y comercian en el puerto coruñés, antes de zarpar. Así, llegan naos que cubren la línea Sevilla-Brujas y comerciantes italianos que van camino de Inglaterra o Flandes.

Obviamente, la pesca es otro de los sectores que se desarrollan en el puerto coruñés. Fundamentalmente la pesca de bajura, con capturas dirigidas a bancos de merluza, sardina y congrio, abundantes en el litoral coruñés. La producción se destina al consumo interno en la ciudad, pero también será objeto de exportación para puertos del Mediterráneo, Aragón y Portugal. Desde el puerto se exporta pescado, pero también otras mercancías en pequeñas cantidades. Productos como paños, maderas, hierro, cuero y vino, producto que sí tiene cierta importancia, al estar rodeada la ciudad de tierras de cultivo. Por eso hoy en día tenemos lugares como San Vicente de Elviña o San Cristóbal de las Viñas. Normalmente, este producto se exporta a Inglaterra o a Flandes. En cuanto a las cosas que se traían de fuera, generalmente hablamos de sal, que se trae de Portugal o Francia, paños de Castilla, Flandes, Inglaterra y el norte de Francia o grano que se trae de Andalucía.

Toda la actividad portuaria y artesanal genera el nacimiento del comercio a gran escala al que se enfoca el puerto. Por su parte, la ciudad necesita de un abastecimiento continuo de productos agrícolas y ganaderos que vienen de los alrededores. Para evitar estafas, el ayuntamiento establece una Casa de pesos y medidas, derivada del gran ascenso del puerto en el siglo XVI, motivo que lleva a Isabel la Católica a conceder en 1503 un mercado franco anual a la ciudad:

“Entendiendo ser así cumplido mi servicio, y al bien común de esta dicha ciudad porque sea más poblada y ennoblecida. Por la presente les hago merced que se pueda hacer y haga en esta dicha ciudad dentro del cuerpo y muros de ella, una feira franca de treinta días en cada año, los cuales comiencen a correr y corran desde quince días andados del mes de julio hasta quince días andados del mes de agosto”

No creo que la Feira Franca que Isabel concede a la ciudad tenga mucho que ver con la actual Feira das Marabillas. En todo caso, creo que es un bonito homenaje a una parte fundamental de la historia de nuestra ciudad.