O camiño do Faro

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Autor: Manu Sánchez / Fecha: Sáb, 10/12/2016 - 19:52 /

A diferencia de lo que sucede con Roma, puede que todos los caminos no nos lleven a Compostela, pero la universalidad del Camino de Santiago es, a estas alturas, indiscutible. Todo el mundo conoce, a grosso modo, las particularidades del itinerario jacobeo histórico que, desde más allá de la frontera francesa conduce al sepulcro del Apóstol, pero siendo ésta la más famosa, no es no mucho menos la única. Y una de las alternativas menos conocidas es el Camino del Faro o Camino Inglés.

En el contexto de la Guerra de los Cien Años, en la que Francia e Inglaterra pelearon a lo largo de casi todo el siglo XIX y parte del XV, los islandeses, irlandeses, escandinavos y, sobre todo, los británicos decidieron emplear un método más seguro, que les permitiese seguir peregrinando a Santiago.Desde los puertos del sur de Inglaterra como Plymouth, Portsmouth o Southampton partían numerosos barcos con peregrinos, algunos de ellos fletados específicamente para este menester. Si los vientos eran favorables, la travesía directa duraba unos cinco días por trayecto. Los peregrinos eran en su mayoría gente modesta, que sufragaba los gastos del viaje con pequeñas partidas de mercancías que vendían en Coruña, aprovechando la travesía para traer paños, cerámica y otras mercancías y volver con vinos comprados en Galicia. El camino era de ida y vuelta, ya que una vez completada la ruta debían de volver al puerto coruñés a la espera de algún barco que los llevase de vuelta a casa. Una de las primeras peregrinaciones documentadas es la de una expedición de cruzados holandeses y alemanes, que, partiendo del puerto inglés de Darthmouth, llegan a Coruña en 1217. Las cifras de llegada de peregrinos se recogen metódicamente en los registros de la ciudad, y de esta manera podemos saber que en el año 1434, llegan, por ejemplo, dos mil peregrinos al puerto coruñés.

La peregrinación a Santiago estaba protegida por las autoridades, y tanto la Iglesia como los Reyes velaban por la seguridad y libertad de los viajeros y de sus bienes. Los barcos estaban amenazados por el peligro de ser capturados, incluso cerca de las costas o en los propios puertos, por otros barcos dedicados al corso o como acción de represalias por las guerras entre gallegos y castellanos con gascones, bretones, ingleses o portugueses. El ayuntamiento de Coruña garantizaba, aunque no siempre de forma eficaz, la seguridad de los barcos de peregrinos que estuviesen dentro de las marcas de su puerto, con el límite de la isla de los Cuervos (situada cerca de la de San Antón). Los peregrinos podían descansar, una vez llegados a la ciudad, en alguno de los hospitales de peregrinos que se encontraban en territorio coruñés: el de los Ángeles, que estaría situado cerca del convento de Santo Domingo, el de Santa María, cerca de la Colegiata, el de Santa Catalina o el principal, el hospital de San Andrés, hoy Iglesia Castrense, dónde se conserva el cruceiro original, adornado con cinco bordones de peregrino. Tal llega a ser el número de peregrinaciones a finales del siglo XV y principios del XVI que en 1502, Pedro de Montoto, por entonces regidor de la ciudad, plantea la unión de todos los hospitales y la creación de uno más grande, del mismo estilo que el Hostal de los Reyes Católicos compostelano. Lo argumenta diciendo que en ocasiones, se reunían en Coruña "más de mil romeros pobres" que la ciudad no podía acomodar. 

Un relato muy interesante es el de William Wey, miembro del Eton College, condado de Berkshire, Inglaterra (1405/1406-1476).Peregrina a Santiago en el Año Santo compostelano de 1456 y llega por mar al puerto de A Coruña, en el Mary White, desde donde continúa a Compostela. Dejó escrita su experiencia en latín en el Itinerarium peregrinationis, texto descubierto en el siglo XIX y publicado en el Reino Unido en 1857. Es uno de los relatos de peregrinos jacobeos más antiguos que se conocen y, sin duda, uno de los más sobresalientes de los relacionados con el Camino Inglés. Wey llegó a la ciudad gallega el 21 de mayo. Lo hizo en cuatro días, desde Plymouth, en la costa sur inglesa. Su relato explica su estancia en A Coruña durante tres días y da varias pistas sobre su cosmopolitismo. Afirma que al pasar por la Torre de la Vale los barcos hacían bajar una de las velas, que oyó hablar (y dar misa) en inglés en la iglesia de los franciscanos de la ciudad y que vio la bahía coruñesa abarrotada de barcos. Llega a contar 84 naves, de las que afirma que 32 son inglesas y las demás, del resto de Gran Bretaña, Bretaña Francesa, Francia y Normandía. Asegura también que esos barcos portan unos 5.000 peregrinos que vienen a desembarcar y continuar caminando desde la ciudad.

Aunque el diario de Wey parece bastante fidedigno, muchos estudiosos coinciden en señalar que esta cifra puede haber sido una exageración. En cualquier caso, nos hace pensar en la importancia internacional de Coruña en la Edad Media y parece indicar que, ofreciendo seguridad, protección y facilidades a los caminantes, el herculino fue el puerto principal de llegada de miles de peregrinos durante más de 300 años.