Una caravana infantil con rumbo al Nuevo Mundo

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Autor: Manu Sánchez / Fecha: Vie, 16/06/2017 - 00:31 / Etiquetas: historia, CORUNA, viruela, Balmis, Real Expedición de la Vacuna

La viruela ha sido la enfermedad que ha matado más personas a lo largo de toda la historia de la humanidad. Aunque nos suena a un pasado más lejano, realmente esta dolencia no se consiguió erradicar hasta el año 1977, es decir, hace bien pocos años. Un suceso decisivo para poder lograrlo fue la conocida como Expedición Balmis, una "caravana infantil con rumbo al Nuevo Mundo", que zarpó del puerto de Coruña un 30 de noviembre de 1803.

El virus de la variola empezó a ser un problema para el ser humano hace unos 12.000 años. Tan letal era, que en algunas culturas antiguas estaba prohibido otorgarle nombre a los recién nacidos hasta que hubieran superado esta afección. Fue causa, entre otras, de la muerte de un cuarto del ejército ateniense que peleó en Esparta, y responsable también de la muerte de entre 3 y 7 millones de romanos. Las tropas de Hernán Cortés introdujeron el virus de manera inconsciente en el nuevo continente, acabando de esa manera con casi el 60% de la población azteca. Y en el siglo XVIII fue la principal causa de mortandad en toda Europa, donde se calcula que casi 400.000 personas morían cada año fulminadas por la infección, y los que sobrevivían, lo hacían con graves secuelas. Así que cuando Edward Jenner se percató de que inoculando a las personas con la variante bovina del virus se desarrollaba un cierto tipo de inmunidad, consiguió uno de los avances médicos más destacados que se recuerdan.

Las noticias corrieron como la pólvora, y el médico de la corte Española logró convencer en ese momento al monarca Carlos IV para que financiase una expedición filantrópica para que la vacuna pudiese llegar a los territorios españoles de ultramar. No fue una tarea demasiado compleja, ya que la propia hija del rey, la infanta María Teresa, había fallecido a los 3 años tras haber sufrido la enfermedad. Carlos IV se aseguró mediante una Real Cédula, de que en todos los hospitales españoles se contase con una sala acondicionada para poder preservar muestras de la vacuna, y otorgó los permisos para que se llevase a cabo la operación. Había nacido la ayuda humanitaria.

Así que pocos años más tarde, los médicos Francisco Javier Balmis y José Salvany, acompañados por la rectora del orfanato coruñés Isabel Zendal y bajo la dirección naval de Pedro del Barco y España, se convertían, gracias a 22 niños huérfanos y anónimos, en los portadores del milagro que salvaría miles de vidas en todo el mundo. Aquella expedición, a la que se le dio el nombre de la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna, sería conocida popularmente con el nombre del galeno que la encabezaba, y que había sido promotor de la idea. A Balmis se le asignaron un total de 200 doblones y la corbeta María Pita, además de instrumental quirúrgico y la traducción del Tratado práctico e histórico de la vacuna, de Louis Jacques Moreau de la Sarthe, el considerado como vademécum de las vacunas.

El objetivo en sí mismo de la expedición suponía el primer desafío, ya que el barco no disponía de ningún medio para poder mantener la cadena de frío y de esa manera conservar la vacuna en perfectas condiciones durante unas travesías marítimas que resultaban, como mínimo, muy sacrificadas. La solución a este problema la aportaban los niños, que funcionaban en este sentido, como una especie de engranaje de preservación para que el remedio llegase intacto a los territorios españoles en América y Asia. A los muchachos se les practicaba un pequeño corte en el hombro con un instrumento de punción impregnado del fluido. Poco más de una semana después aparecerían unos granos de los que se podía obtener un líquido que supondría la salvación para cientos de almas. Era ese el momento en el que se debía de traspasar la vacuna a otro niño. Como resulta entendible, hacía falta "reclutar" a más niños en cada una de las etapas.

Aunque hoy en día este uso indiscriminado de niños como simples objetos pueda parecernos reprobable, la realidad es que en la época supuso un gran éxito científico que logró que España superase al resto de países europeos y se convirtiese en nación abanderada de la medicina moderna. Aunque Francisco Javier Balmis no escribió ningún diario, es probable que además de la reticencia y desconfianza de las poblaciones locales, el mayor problema para él fuese la grave carga emocional y el vínculo que se creaba con los niños, para después tener que desprenderse de ellos. Muchos de ellos fueron adoptados por familias mexicanas, pero sus nombres no han trascendido a la posteridad.

Canarias, Puerto Rico, Venezuela, Cuba, México y Filipinas. Ese fue el itinerario de un viaje que "permanecerá como el más memorable en los anales de la historia", decía Alexander von Humboldt en 1825. No le faltaba razón en la importancia que le otorgaba. Pero se equivocó levemente el polímata alemán, ya que la Expedición Balmis sigue siendo uno de los episodios más desconocidos de la historia de nuestra ciudad.