La casa de la moneda

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Autor: Manu Sánchez / Fecha: Vie, 31/03/2017 - 10:59 / Etiquetas: historia, CORUNA, moneda, ceca, Santo Domingo

Ordenaba Enrique IV en las Cortes de Segovia de 1471 "que las monedas tengan al pie del castillo la letra inicial de la ciudad donde se hiciese, salvo las que se hiciesen en la dicha ciudad de Segovia, que tengan una puente y las de la Coruña una venera". Posteriormente, los Reyes Católicos, en su Pragmática de 1497, mandarían añadir sus armas reales a las piezas, pero las monedas fabricadas en la ceca coruñesa seguirían mostrando universalmente reconocido: la concha de vieira.

El privilegio de acuñar moneda en la ciudad fue, con casi toda probabilidad, algo que Alfonso IX concedió desde el propio momento de fundación de la ciudad, pero la referencia documental sobre esta institución es de 1298, cuando Fernando IV renueva los privilegios y prerrogativas de los trabajadores. Los funcionarios de la casa de la moneda coruñesa gozaban de un estatuto jurídico propio, y estaban exentos del pago de impuestos, hecho que nos habla de la gran importancia que debía de tener este organismo. Los monederos gozaban de un alto status y de un gran nivel de protección laboral, ya que la ceca dependía directamente de la Corona, que es la que designa a los funcionarios y marca sus salarios. Los monarcas depositaban su confianza en la figura del alcaide, delegado real y supervisor que tenía la jurisdicción y ejercía justicia sobre el resto de empleados. Ésto significa que los trabajadores no podían ser juzgados por la autoridad municipal.

No obstante, los monederos serían los protagonistas de peleas encarnizadas con el Ayuntamiento, que no veía con buenos ojos las ventajas de las que disfrutaban los funcionarios. Finalmente, Alfonso XI eliminará ciertos derechos de los trabajadores y los someterá a la autoridad de la Corporación Municipal. No fue una orden real demasiado restrictiva ni definitiva, ya que los monederos continuaron negándose a abonar impuestos, y saliéndose con la suya. El conflicto llegará a su fin en 1497, año en el que los monederos reclaman a los Reyes Católicos sus antiguas concesiones. Isabel y Fernando responden enviando a su tesorero real para investigar irregularidades y fraudes en la ceca. Los trabajadores acaban aceptando y pagando las contribuciones comunitarias.

La ubicación original de este edificio es desconocida, pero sabemos con certeza que desde 1662, la ceca se traslada al edificio anexo a la iglesia de Santo Domingo. Los monederos son operarios que en la mayoría de los casos cuentan con un alto grado de especialización. Así, por ejemplo, tenemos balanzarios o maestros de balanza, aquellos que se dedican a comprobar las preparaciones. Los marcadores comprobaban la calidad de los metales, los entalladores tallaban las monedas y los blanqueadores pulían las mismas. También había tesorero y otros cargos menores como capataz, alguacil, fundidor, escribano, guardas y obreros. En 1774, la ceca cesa de su actividad y pasa a ser un cuartel. Hoy cumple la función de delegación de Defensa en Galicia, siendo el edificio uno de los elementos que nos sirven para imaginarnos cómo debía de ser la vida en aquella ciudad que en 1208 Alfonso IX mandó repoblar.