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Rubén AlexandreMiembro de A.L.A.S. CoruñaMay 022018

Detrás de las siglas

Está usted en una columna para dar a conocer al colectivo LGTBI. Siglas conocidas por la mayoría pero que muchas veces no se aprecia su trasfondo incluso por el propio colectivo. Gran hincapié se ha realizado por la “G” (Gay) que se ha considerado muchas veces como la única palabra de relevancia en el movimiento y que lo ha liderado ¿O lo sigue haciendo? “El orgullo gay”, “la lucha gay”, “el movimiento gay” …

La “L” de lesbiana, hoy en día, capitanea la designación del colectivo. “Las mujeres primero” siempre han dicho las normas de protocolo heteropatriarcal que otorga precedencia a las mujeres en casos de evacuaciones y a la hora de entrar en un establecimiento (eso sí, ábrale la puerta que ellas solas no pueden). Como no, nosotros no vamos a intentar cambiar las cosas y vamos a pecar de “caballeros” para darle precedencia o una visibilidad adelantada – que no por ello mayor o equitativa- a las mujeres de nuestro colectivo.  

La “T” de los transexuales. Una de las palabras que menos sentido tienen para mí pero que tiene más importancia de existir (casi) que el resto. Me explico. Lo más importante que debería de tener en cuenta la sociedad es la libertad. La libertad es la única manera que tiene de ir hacia delante. No entiendo cómo -en el siglo XXI- continuamos designando a las personas según los logros que consigan en la vida. Si consigues acabar una carrera, no antes, podrás considerarte de la categoría profesional que siempre has ansiado pese a que (mucho antes) disponías de claras aptitudes para ello. Aun así, hay gente que va más allá. Puedes tener grandes actitudes de abogado, tener la carrera de derecho, pero ser de la llamada “Generación Perdida” y dedicarte a ser dependiente en unos grandes almacenes. Para un gran número de personas serás considerado sólo un dependiente. No te dejarán que defiendas lo que realmente sientes que eres después de tu esfuerzo. Con los transexuales pasa esto, pero de una manera más coactiva. No importa cómo se sientan y qué quieran hacer, no importa si se quieren poner falda teniendo pene, no importa que una niña le guste jugar con camiones, jugar al fútbol y aborrecer el rosa porque designa un género con el que no se siente identificado, ¡perdón! Que la sociedad me impone decir “identificada” porque tiene vulva. No importa todo lo que hagan antes de que se operen sus aparatos genitales. Eso será lo que marcará el inicio de que te designen, eso sí, por transexual; dejando en un segundo plano el sexo con el que quieren y les hace felices que les designen. Creo que todo sería más fácil si redujéramos la lista a hombres, mujeres e intersexuales y dejáramos que se impere la libertad gracias a la abolición de las leyes de género y dejar a la identidad de género como la herramienta que ayude a ser felices a todas las personas. Que sean libres de designarse con el sexo que sienten y no con el sexo con el que nacen. Y de los vocablos como “travestis (personas que se visten con atuendos que no le son asignados por el sexo con el que nacen) y “transgénero”, me aborrecen y creo que carecen de sentido. Entiendo la importancia de que existan estas palabras, pero me indigna que tengan que existir palabras para diferenciar. Creo que en el simplismo del lenguaje reside la verdadera felicidad para todas las personas. A la persona que aspira ser mujer, le llamo y designo como a una mujer (y en el caso de hombre ídem) ¿Para qué complicar más las cosas?

La “B”. Que designa a mis admirados bisexuales. Personas que a diferencia de los anteriores no quedan en el olvido o les imponen estatus según sus logros. Sencillamente están en tierra de nadie. Son considerados “viciosos” por muchas personas. De hecho, un ejemplo empírico lo podemos ver directamente en las apps de ligues tanto Tinder (Heterosexual) como Wapo y Wapa (para homosexuales). “Abstenerse bisexuales”, cantidad de perfiles utilizan esta ya típica frase para dar a conocer que sus experiencias con bisexuales no han sido de su agrado. Como si todos los bisexuales fueran iguales. Su condición sexual los hace ser del mismo patrón. Porque pasa lo mismo en homosexuales y en los heterosexuales. La diversidad lejos de la orientación sexual no existe. De hecho, me encanta la nueva etiqueta para designar a un bisexual que es capaz de desarrollar su plano afectivo, se les llama pansexuales. Personas que se enamoran de la persona de forma indistinta del sexo que sean. ¿Qué palabra entonces he de utilizar si me considero homosexual o heterosexual con limitadas actitudes afectivas? Claro, qué tontería estoy diciendo. Si los heterosexuales y homosexuales siempre nos movemos por el amor y el cariño y el sexo siempre lo dejamos en un segundo plano ¿Verdad?

La letra “I” … En fin. Intersexuales. Me encanta cuando voy a realizar talleres de Educación Sexual y la mayoría desconoce “qué” son hasta que alguien hace referencia a la palabra “hermafrodita”. Como si en la raza humana el sexo también estuviera designada por machos y hembras a la par que los perros y los gatos. Dejando en evidencia nuestro nivel nacional en Educación Afectiva-sexual estancada en sexto de primaria cuando nos imparten la reproducción de los animales y la reproducción humana explicada sólo desde un aspecto heterocentrista. Olvidados por la educación, la sociedad, la medicina e -incluso- por ellos mismos. Los intersexuales son personas que tienen unos niveles distintos de hormonas, una asimilación distinta de las mismas o que nacen con una composición cromosómica diferente a la que imponemos como habitual (hombre o mujer) y que hace que nazcan con aparatos reproductivos diferentes al binomio que nos hacen creer como “natural”. Muchos de ellos al tratarse de una característica interna y no aplicarse protocolos para su detección, lo desconocen. Pudiendo, por ejemplo, haber mujeres en apariencia total y absoluta, pero con unos testículos en vez de ovarios. Con las graves complicaciones que puede acarrear este hecho porque los testículos necesitan una refrigeración inferior al resto del cuerpo, pudiendo ocasionarles fallos multiorgánicos y cánceres por falta de protocolos biomédicos que no buscan a ese 1% de la población mundial estimada por la OMS. ¿Por qué no hacer un esfuerzo en designar al neonato entre los verdaderos sexos existentes: hombre, mujer e intersexual? Pese a esto, si se llega a conocer, muchos médicos optan por realizar una reasignación de sexo sin tener en cuenta la propia identidad de género de la persona siendo esta muy pequeña para conocerlo, pudiéndole ocasionar graves problemas de autoestima en el futuro.

Como pueden comprobar las siglas, las etiquetas, las denominaciones… No aportan libertad. ¿Y si empezamos a otorgarla a todo el mundo por igual, aunque no conozcamos su condición o la vivamos? ¿O sin necesidad de referirnos a ellos a través de una etiqueta? 

Sin que seamos conscientes de la diversidad que reside en la humanidad y sin que nos valoremos por igual, nadie podrá ser libre nunca. Y a mí ya me va apeteciendo mucho ser libre.

 

Este artículo se ha publicado sin editar a petición del autor, la asociación A.L.A.S. A Coruña no se hace responsable de las opiniones vertidas en el mismo.