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Patricia Freire...Vicepresidenta A.L.A.S. CoruñaJuly 072018

La importancia del feminismo interseccional en el movimiento LGTBI

 

Saber si fue primero el movimiento de liberación de las mujeres o la revolución sexual contra el heteropatriarcado es muy complicado, y más teniendo en cuenta que son cuestiones totalmente individuales de la vida personal de algunas activistas. Es evidente que, aunque exista una parte del colectivo LGTBI que tiene conciencia de izquierdas y pensamiento crítico, la lucha por los derechos de las personas que lo componen no tienen por qué ir de la mano con otro movimiento antipatriarcal como es el feminismo, y viceversa.

Sin embargo, muchas veces se nos olvida destacar el papel de mujeres lesbianas y bisexuales comprometidas con la política de izquierdas y que lucharon contra los límites impuestos por la clase, la raza y la sexualidad, como, por ejemplo, la activista dominicana Ochy Curiel, que explica que es complicado realizar activismo y buscar el equilibrio al reclamar derechos sobre opresiones simultáneas, para que unas no ensombrezcan a otras. Esto quiere decir que es importante luchar contra el racismo en todas las esferas en las que esté presente, pero sin olvidar que existe el machismo y la discriminación por otros motivos como es la orientación sexual y la identidad de género.

Estas mujeres, activistas, ya habían reivindicado su propia liberación al rebelarse contra la heteronormatividad y los estereotipos de género. Afirman que una de las lecciones más valiosas que han aprendido de su propia sexualidad y del movimiento es que no necesitan depender de ningún hombre, ni para su bienestar, ni para su felicidad, ni para alcanzar la plenitud sexual. Resulta significativo destacar que sí ha habido mujeres heterosexuales que se han dado cuenta de la anterior afirmación, pero que han sido las mujeres lesbianas y bisexuales las que han acercado al movimiento feminista una experiencia real de esa idea. Lo que ocurrió con el movimiento bisexual y el lesbianismo dentro del propio feminismo fue que muchas de las activistas lesbianas del movimiento procedían de una clase trabajadora, por lo que ascender en los círculos académicos para ellas era una labor muy difícil. Además, la academización que sufrió el movimiento feminista produjo que las mujeres heterosexuales con estudios superiores y currículums académicos más amplios obtuvieran una mayor importancia, y las mujeres lesbianas y bisexuales quedasen invisibilizadas en el movimiento.

A la hora de añadir al movimiento feminista su carácter interseccional e incluír la raza y la clase, las mujeres activistas lesbianas y bisexuales iban un paso por delante porque sabían lo que significaba estar oprimidas por no cumplir con las normas generales. Además, por último, pero no menos importante, tenemos que hacer un hincapié importante en las mujeres activistas trans, impulsoras de los disturbios de Stonewall, como Marsha P. Johnson. Gracias a ella, y a otras activistas trans como ella celebramos el mes pasado el Orgullo LGTBI. 

Podemos afirmar que luchar contra la homofobia, bifobia y transfobia deben de ser dimensiones que tratar dentro del movimiento feminista. Asimismo, en este debe de ser reconocida la labor de las activistas lesbianas, bisexuales y trans, ya que sin ellas nunca se habrían superado los límites del heterosexismo, donde todas las mujeres puedan ser libres. La lucha feminista y la lucha del colectivo LGTBI deben ir de la mano, una debe de luchar siempre por la otra. El propio colectivo LGTBI suele olvidarse de ello, y todas y cada una de las personas que lo componen sufren de un modo u otro el machismo. Un ejemplo claro cuando se considera que todos los hombres gays deben de ser femeninos y gustarles la moda, o que a una mujer por gustarle el fútbol es lesbiana. Por todo ello creo que la unión de ambos movimientos es fundamental para alcanzar una igualdad real.