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Roberto GonzálezSecretario General SUP GaliciaOctober 192017

Las pateras policiales

 

Cuando la política interfiere en cuestiones operativas, el resultado, casi nunca es el deseado.

La situación en Cataluña, no aconsejaba ni aconseja, desde el punto de vista policial, mantener a tantos policías, tanto tiempo, sin relevos, sin descanso y en unas condiciones adversas en Cataluña. El día 3 de octubre, la mitad del personal destinado en esa comunidad, si dependiese sólo de la Policía, ya hubiese regresado a base para descansar, reponer fuerzas, ver a su familia e ir haciendo relevos, incrementando su presencia, según se fuesen sucediendo los acontecimientos, pero no, como las condiciones del “guardia” no parecen importarle demasiado a la Administración, así están las cosas, un mes después del desembarco masivo de UIP y de UPR en Cataluña, además de decenas de funcionarios de  Extranjería y de Judicial. La olla está tan al límite, que, en cualquier momento, corre el riesgo de estallar. Es tarde, pero hay cuestiones en las que la Secretaría de Estado de Seguridad, debe implicarse de forma urgente.

Era un operativo provisional, que inicialmente estaba previsto hasta el 5 de octubre, luego, se prolongó hasta el 11, posteriormente hasta el 18 y ahora, parece que se alargará hasta el día 2 de noviembre. Tristemente, toda esta información llega a los funcionarios policiales, a través de los medios de comunicación. Tétrico e irrespetuoso. Hombres y mujeres que han dado lo mejor de sí para salvaguardar el Orden y la Ley ya así se le paga.

Un barco atracado en puerto, es un lugar para alojarse tres o cinco días como mucho, pero es que nuestros héroes, llevan ya un mes allí. Al desesperante anuncio del Ministerio del Interior de que la Policía, seguirá en Cataluña hasta que sea necesario, hay que sumar la mayúscula falta de sensibilidad de la Administración, que ni siquiera le ha ofrecido la posibilidad a los Policías, de irse a casa 3 o 4 días, de forma escalonada a ver a sus seres queridos y cargar las pilas. A esto, hay que sumarle el cansancio por la falta de descanso y la escasa calidad de la comida durante todo un mes, con menús pobres y sin una planificación alimenticia acorde a las circunstancias, con los pasillos a tope de ropa tendida, por el temor a colgarla en cubierta para evitar hurtos que han dejado de ser un hecho ocasional. Atascos diarios de los váteres de los camarotes. Luces que no encienden porque faltan bombillas. Deficiencias que dejan sin conexión a wifi a los funcionarios. Trato desagradable por parte de la tripulación. Ausencia de adecuada limpieza de las habitaciones. Falta de actividades de ocio en el barco, con solo dos televisiones en el barco, sin voz. Habitaciones minúsculas y sin armarios. Presencia de bolsas de basura amontonadas en los pasillos. Malos olores que se meten dentro de los camarotes por la ubicación del contenedor de basura. Presencia de insectos de todo tipo y de ratas.

Este aislamiento de los funcionarios y su estancia en unas condiciones deleznables con total incertidumbre, exige una serie de medidas urgentes para evitar que la presión siga en aumento:

1.- Mejorar urgentemente la comida y el trato de la tripulación en el Piolín. Supervisión y aprobación de los menús diarios por parte de personal policial con formación en nutrición.

2.- Relevos, de forma urgente, para aquellos grupos o funcionarios que, voluntariamente, soliciten regresar a base, dando prioridad a los que sufren peores condiciones de estancia.

3.- Aclaración de los conceptos económicos y de compensación tras la estancia.

4.- Información puntual a los funcionarios y a sus representantes sindicales de las novedades que se produzcan en relación con la prolongación o con las condiciones de su estancia o de prestación del servicio, antes de su transcendencia a los medios de comunicación.