¿A quién le amarga una pizza?

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Autor: María García / Fecha: Jue, 18/08/2016 - 11:16 / Etiquetas: pizza, dieta mediterránea, calorías, coruña hoy
La pizza es uno de los alimentos preferidos por los españoles.
Como casi todo en esta vida si se lleva al extremo es malo, así que consumir pizza todos los días también lo es. Sin embargo, un reciente estudio científico demuestra que no podemos demonizar su ingesta, ya que este alimento puede ser beneficioso para nuestra salud. La pizza es un alimento que, tal y como lo conocemos, proviene de Italia y más en concreto de Nápoles, en donde surgiría alrededor del siglo XVII. En cualquier caso, la pizza proviene de una antigua y fecunda tradición mediterránea de panes planos… panes aplastados, sin apenas miga, que se han consumido en diferentes variedades locales (la coca, el pan pita, la focaccia, etc.) en las dos orillas del mar, añadiéndoles ingredientes vegetales sobre todo.
 
Hoy en día, hablar de pizza lleva inmediatamente a pensar en un tipo de comida rápida que ha hecho que su fama nutricional haya caído al nivel de la hamburguesa y otros productos similares. Sin embargo, dado su origen plenamente mediterráneo, muchos defensores de la pizza tradicional han alzado su voz afirmando que, en efecto, comer pizza puede perfectamente equipararse a practicar la dieta mediterránea. Sin entrar en muchos detalles, es cierto que un plato elaborado con un cereal, algo de queso, tomate, aceite de oliva, hierbas como el romero o el orégano… difícilmente podría catalogarse como un enemigo de las arterias.
 
La pizza en nuestra dieta:
 
Pero como siempre ocurre, hablar de la pizza ‘a secas’ es en el fondo un ejercicio banal, ya que los consumidores habituales de este plato lo suelen consumir con otros alimentos y bebidas que ciertamente no son el culmen de la dieta mediterránea. Hablamos desde fritos hasta ensaladas escasamente verdes pasando por raciones muy generosas de helados y refrescos azucarados. En ese contexto, desde luego daría igual que la pizza se hubiera elaborado con un chorrito, o dos, del mejor aceite de oliva virgen del mundo. Pero es cierto que se pueden elaborar pizzas exquisitamente ceñidas al perfil mediterráneo y acompañarlas de entrantes saludables, como una ensalada ‘de verdad’ verde y sin que se ingieran refrescos a la par. No es fácil, pero no es imposible. 
 
En definitiva, hay que señalar que la pizza es un buen alimento en sí mismo y perfectamente podría formar parte de la dieta mediterránea. El problema deriva, tanto de la frecuencia con que la consumimos como con el resto de alimentos con los que la acompañamos, a menudo, un menú de genuina "comida basura".